Una idea sencilla: que una persona mayor que vive sola pueda, cada día, pulsar un botón y encontrar al otro lado a alguien que la escuche, que recuerde su nombre y sus historias, y que le pregunte cómo ha dormido.
En España, unos dos millones de personas mayores de 65 años viven solas, y la Organización Mundial de la Salud asocia la desconexión social a más de 871.000 muertes al año. La teleasistencia responde ante una emergencia; el voluntario llega una vez por semana. Queda el hueco de las horas vacías: la tarde del domingo, la noche en la que no suena el teléfono.
Ya existe un prototipo que conversa por voz en español, con rostro y con memoria. Ahora toca convertirlo en algo que funcione un martes a las siete de la mañana en casa de alguien que no sabe lo que es una aplicación. Por eso lo he propuesto a la Universidad Francisco de Vitoria como un proyecto entre estudiantes, profesores y las propias personas mayores, que lo diseñan con nosotros desde el principio. El Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón ha mostrado interés en él como recurso para sus servicios de atención a personas mayores.
- Un botón, una cara, una voz clara. La persona no tiene que aprender nada.
- Compañía, nunca sustituto. Su éxito se mide en cuánto mejor está la persona cuando lo apaga.
- Honestidad. Nunca finge ser una persona.
- Líneas rojas. Sin vigilancia, sin uso comercial de las conversaciones y sin decisiones automáticas.